Viaje misionero alrededor del Mundo: 1.3- Lourdes y Marsella




Lourdes
Al atardecer ya estábamos en Lourdes. Un descanso en la calle Breteuil y ya se sentía avanzar el eco del Ave, del Ave María…, las antorchas iluminaban los rostros, los cánticos impresos…; también los corazones y las estrellas. ¿Cuántos miles de antorchas por la doble hilera? ¿Cuántos miles de esperanzas?
La noche es hermosa. Y el Gave murmurador y poético.

Alrededor de las piscinas ya estaban los peregrinos irlandeses; cuántos enfermos, cuánta pena cercando a la Virgen; pero vimos levantarse y correr deprisa al peregrino que ya había gozado del “quiero que sanes”…; la gente estaba conmocionada.
Bebimos del agua de la gruta y profundamente emocionadas partimos para Marsella.

Adiós a todos nuestros encuentros en Lourdes: Adiós Damas de Nevers, Hermanas de la Inmaculada, adiós Hermanas Auxiliatrices…; adiós Basílica, Iglesia de la Cripta, Iglesia del Rosario…; adiós Virgen de Lourdes…; je te salue Marie pleine de grâce.


Marsella
Tres días pasamos en Marsella; desde allí emprenderíamos el largo viaje que tan lejos de Bérriz, de nuestro convento, iba a llevarnos y que superando todos los afectos nos ponía delante de un ideal único: extender el reinado de Jesucristo…
Notre dame de la Garde, Estrella de los Mares, que domina que desde su santuario la ciudad y el puerto, conduzca nuestro buque y conduzca la difícil empresa que comenzamos.

Toda Marsella parece que nos despide. El “D’Artagnan” nos espera. Desde lejos los sacerdotes españoles nos bendicen.
Y así cuando el barco se va alejando, los dos pañuelos blancos son el cable que nos une a nuestra querida patria y que trasmite esas palabras que sólo el Señor puede captar.


Comentarios

Entradas populares