2014/02/21

Viaje misionero alrededor del Mundo 9.3: SAIPÁN, CLARO Y OSCURO

ISLAS MARIANAS Y CAROLINAS

 9.3: SAIPÁN, CLARO Y OSCURO

En Saipán descansamos tres días 
al lado de nuestras queridas hermanas; llegamos a tiempo para la inauguración de la nueva casa, y quedé encantada de la entusiasta acogida que el pueblo nos hizo, así como la piedad que allí se respira, fruto, sin duda de su pasado misionero P. Dionisio de la Fuente S.J.


NOVIEMBRE 3 (sábado).--A las tres de la tarde se anuncia una velada. 
El número más simpático fue el siguiente: salió un grupo de niñas muy pequeñas, como de dos o cuatro años, seguidas de otras mayorcitas ; cada una me decía un verso y presentaba un regalo ; piñas, bananas, diversos frutos de Saipán y hasta un pollito y un pato tiernecito, en cestillas espe­ciales hechas con hojas de palmera entrelazadas. 

La sinceridad de sus palabras y aquellos ojos cándidos, a los que se asomaban unas almas del todo inocentes, me robaron el corazón. Más de una vez tuve que tragar las lágrimas que asomaban a mis ojos. !Felicísimo fue para mí el primer día pasado en Saipán! (Islas Marianas)


Caído ya el sol, fuimos de paseo por el barrio de los carolinos. Viven en chocillas con techo de nipa. Al vernos pasar, se alegran; nos saludan respetuosos y se esconden para que no veamos de cerca su falta de vestido. Las madres mandan retirarse a los chiquitines, que juegan descuidadamente del todo desnudos. (Carolinos, de las Islas Carolinas, que están más al sur)

Parecen figurillas de bronce, con la tez completamente tostada y unos ojos negrísimos llenos de expresión. A nuestro lado pasa un joven carolino que no ha tenido tiempo de retirarse; quiere saludarnos, y al decir buenas-noches, echa mano a la cabeza y, a falta de sombrero, se quita una corona de hojas que lleva puesta...

Nota: Como se ve el mapa del mundo, Oceanía está el el Pacífico, y Micronesia o islas pequeñas están casi en el centro oriental. Saipán está en las islas Marianas. Truk se llama ahora Chuuk, y Ponapé es Pohnpei y otras que aparecerán son de las islas Carolinas.  Muy interesante su historia y su situación política actual, que lo podéis investigar en Internet. Son un gran lugar estratégico para los grandes países...
Se ve a la M. Margarita feliz y no se le pasa ningún detalle...

2014/02/15

Viaje misionero alrededor del Mundo: 9.2- SAIPAN, LLEGAMOS A CASA




9.2: SAIPÁN, LLEGAMOS A CASA

Atracamos, y yo salto a tierra la primera; no veo nada, porque al punto me estrechan los brazos de mis queridas hermanas y no acertaría a decir más de aquellos felices momentos.

Luego nos vemos rodeadas del pueblo entero; niños, hombres, mujeres... Pasamos por medio de todos saludándolos con cariño. Qué felices se consideran los que pueden acercársenos con el sombrero en la mano y decirnos una palabrita en español. Tienen rostros muy agradables, mirada viva y un gesto de candor que no lo he visto en parte alguna. Son chamorros, y entre las mujeres hay alguna carolina, de las que asisten al colegio. 

Vamos a la iglesia; allí, bajo dosel y en el presbiterio, nos aguarda el dulce Mons. Rego, que ha llegado antes: Se dirige al pueblo y les exhorta a bendecir a Dios Nuestro Señor por el beneficio que les ha hecho de traer a Saipán religiosas que miren por su bien. Los niños cantan el "Corazón Santo" en chamorro; recibimos la bendición del Prelado y, rodeadas de toda la gente, nos dirigimos al convento de los PP. jesuitas. Saludamos brevemente a los PP. de la Fuente y Gomucio y HH. Oroquieta, Arrondo, Unamuno y Mancera.

  De allí vamos al convento de las hermanas, el que va a ser nuestro. Entramos en la capilla; Nuestra Santísima Madre, en un altarcito cuajado de flores blancas, vestida toda  de blanco también, mira con ternura de Madre a este grupo de hijas suyas, venidas de tan lejos para hacer conocer y amar a su Hijo. 
Las alumnas del colegio, japonesas, chamorras y carolinas, cantan en gregoriano, que por cierto lo interpretan muy bien, el Salutate Mariam y el Magníficat; el canto de los humildes aprendido de la Madre de Dios. 
Todas nos sentimos enternecidas; Nuestra Madre de Mercedes va a ser la Reina de todas las islas del Pacifico.


Despedimos a esta bonísima gente; a mí me miran con los ojos muy abiertos y entre ellos dicen que soy la Reina General. Acompañadas del  Sr. Obispo y del P. Fáber visitamos las dependencias del convento, recién construido, que está aún sin bendecir. 

La casa forma un ángulo recto; uno de los lados tendrá como veinte metros de largo por seis de ancho. En la planta baja hay una sola pieza dividida por biombos en tres partes, dos de las cuales sirven de clases y la tercera de capilla. En el piso superior hay cinco celdas muy espaciosas y una pequeña tribuna desde la que se ve el altar. La otra ala, algo más corta, tiene en la planta baja el recibidor, y en el piso, el refectorio, con galería abierta al patio. La cocina, despensa, etc., es­tán detrás del comedor. Quedamos muy bien impresionadas.

Qué encuentro tan emotivo con las hermanas, con las alumnas y con el pueblo...y que detalles de los jesuitas: El encuentro con el Sr. Obispo y comunidad en su casa y capilla, la presentación de las hermanas al pueblo. Luego la visita y bendición de la casa de las Hermanas, tan bien acondicionada, la Virgen, los cantos, el cariño...todo hace exclamar a M. Margarita:
"Todas nos sentimos enternecidas; Nuestra Madre de Mercedes va a ser la Reina de todas las islas del Pacifico".




 

2014/02/10

Viaje misionero alrededor del Mundo-Cap IX: Saipán- Truk




9.1: LA AVENTURA DE BAJAR EL BARCO PARA IR A SAIPÁN

1929 noviembre 2 (viernes). —Estamos en Saipán. Amanece una mañana espléndida, pero la mar está bastante movida., La isla es relativamente grande, con una montaña al fondo, y el pueblo muy diseminado en, sus flancos y a la orilla del mar. Las casitas, blancas, muy bajas, con el tejado gris, parecen jirones de niebla prendidos entre el verde de las palmeras.
A distancia como de cien metros del puerto cambia por completo el azul del mar en un verde esmeralda lindísimo: allí rompen las olas formando un borde de encaje blanco al tropezar con el arrecife de corales que sale a flor de agua... La bahía, al parecer, está en calma, pero es una calma aparente, porque aseguran los que conocen estos puertos que no hay otro más traidor que el de Saipán; y hoy, añaden, es uno de los malos días para el desembarque.

Pronto tenemos ocasión de comprobarlo: nunca, por muchos años que viva, olvidaré las escenas que he visto. Echan la escala del barco, bastante buena, y se acerca una gabarra a la que han de bajar los pasajeros que quedan en la isla y los que desean visitarla. El "Yawata", fondeado y todo, tiene un movimiento de costado marcadísimo; se acerca la gabarra traída por una ola y, aprovechando el momento de aproximación, saltan a ella desde la escala los más cercanos, ayudados de los valientes y forzudos carolinos que están allí para todo.
Ellos enganchan con largos garfios la gabarra para que no se separe con tanta brusquedad del barco; ellos se meten en el mar hasta la cintura cuando el vaivén es fuerte, y no se separan del costado del buque por si algún pasajero cae al agua. ¡Momento terrible cuando el oleaje, después de haber acercado la barcaza, la arroja en alto como una cáscara de nuez,... llevándola la corriente a muchos metros de distancia! El caerse al mar los pasajeros que entonces intentan saltar a ella, es pequeña desgracia ; lo terrible es que el que allí cae, queda al punto aplastado entre la gabarra y el buque, que tan pronto están juntos y chocando uno con el otro como distanciados entre sí y a mucha diferencia de altura.
Y sin embargo, con ser difícil y hasta espantable esta escena, es incomparablemente peor la que se desarrolla en el otro puente, cerca de popa. Otra gabarra espera allí a los pasajeros, y para bajar a ella, en vez de la escalera real (creo qué así llaman a la escala principal), tienden una 'simple escala de cuerdas con peldaños de estrecha madera, que cae verticalmente de la borda del buque y se adapta por completo a la forma del barco. 
 No sabré describir lo espantoso del salto de cada pasajero. Los hombres lo dan bastante bien con ayuda de los carolinos, que todos la necesitan. Bajan la escala, que oscila terriblemente, y, quedan pendientes del último peldaño viendo a sus pies el abismo del mar. Como quedan de espaldas, no ven cuándo se acerca la gabarra, y tienen que esperar a que los agarren de la cintura y echen al fondo de la barca como un bulto cualquiera.
La descensión de las mujeres, algunas de ellas con sus niños amarrados a la espalda, es indescriptible: vi dos y me faltó valor para seguir mirando. Una de ellas, con el kimono bien ceñido, como ellas lo usan, y las sandalias sujetas tan sólo en el dedo gordo del pie, bajaba trabajosamente; en esto se acercó la gabarra dando un fuerte tumbo, y un fornido japonés que estaba de pie en el borde de la barca, sin poder asirse a parte alguna, la cogió de la cintura con un solo brazo. Ella, que debía 'estar asustadísima, en vez de dejarse llevar, se aferró fuertemente a la cuerda que agarraba con ambas manos. El japonés, desesperado, temiendo que la gabarra se alejase, la agarró con los dos brazos gritando para que se desprendiese de la escala. Con la fuerza del hombre, soltó ella uno de sus brazos en el preciso momento en que un golpe de mar se llevó la gabarra muy lejos dejándola colgada de una sola mano... Gracias a Dios se sostuvo, y exponiéndose mucho el japonés, logró salvarla, dejándola en el fondo de la gabarra, desplomada y como muerta. ¡En cuanto se levantó, palpó el intrincado promontorio de su peinado para ver si estaba, incólume!...

Después de comentadas estas escenas, nos asustaba la perspectiva de un desembarque parecido. Pero ¿quién se resigna a pasar de largo por Saipán sin ver a las queridas Madres que nos esperan ansiosas?... El señor Gobernador de Saipán pone a nuestra disposición el gasolino del Gobierno; los jóvenes chamorros y carolinos que saben vamos a la misión y conocen a la M. María Loreto, se nos acercan como diciéndonos que no tengamos miedo que allí están ellos para llevarnos aunque sea en volandas. Efectivamente, sé colocan unos en la escala y otros en el gasolino y con sumo respeto esperan el momento en que podemos saltar sin casi tocarnos.
Apenas echamos a andar ponemos los ojos en el puerto, que está a 20 minutos del barco, y le vemos lleno de gente que nos aguarda. Todas buscamos entre el compacto grupo los blancos hábitos de nuestras queridas Madres.
¡Cómo se humedecen los ojos y palpita fuerte el corazón cuando las vemos rodeadas de niñas, en el borde mismo de puerto! Querían venir al barco en nuestra busca, pero las han disuadido por lo peligroso del desembarque. 
Agazapadas en el gasolino, queriendo asomar nuestras cabezas por debajo del toldo que nos preserva del terrible sol, oímos a una distancia como de cincuenta metros del muelle el eco dulcísimo de muchas voces cantando el himno Mercedario: "Celeste cual la Reina"... ¡El himno de María Redentora en una isla del Pacífico! Imposible contener las lágrimas; el corazón agradecido se vuelve al Señor para bendecirle por esta merced señalada de haberse escogido a lo más pobre, que somos nosotras, para una obra tan grande.
Atracamos, y yo salto a tierra la primera; no veo nada, porque al punto me estrechan los brazos de mis queridas Hijas y no acertaría a decir más de aquellos felices momentos. 

Qué hermosa descripción hace la M. Margarita de bajar del barco para llegar a la Isla de Saipán, de la Islas Marianas. Qué valentía para atreverse a bajar con las imágenes que está contemplando...Al final tienen un descenso "especial" con la ayuda del Gobierno que agradece a las misioneras el llegar hasta sus Islas. Cómo vibra el corazón de Margarita al oir el himno mercedario y cómo agradece a Dios el haberlas elegido para esta Misión...