2014/04/23

Viaje misionero alrededor del Mundo: 9,6-VENGAN TAMBIÉN A TRUK (CHUUK)


M.Margarita, con su hermana Lola,y las hermanas, con el capitán de uno de los barcos que cogieron.

Vengan también a Truk (Chuuk)

Al poco tiempo suben a bordo el P. Pons, Superior de la misión, y los PP. Suárez y Hernández, acompañados de un grupo de indios que besan el anillo pastoral. 
 Luego se nos acercan muy conmovidos, y el mayor, Pedro, nos dice, en nombre de todos, que son muy felices, porque han podido ver a las Madres que vienen de tan lejos, y que nos piden que vengamos también a Truk...Habla en la lengua del país y nos lo traduce el P. Superior. 

Al terminar, tiene sus grandes ojos llenos de lágrimas y repite, sollozando, que él es hoy muy feliz. ! Oh, qué gente tan merecedora de conocer a Jesús, al Amigo de los pobres, de los sencillos y olvidados! El corazón nuestro, ruin y todo, se va a ellos con ímpetu, queriendo amarlos con amor de caridad y favorecerles en lo posible.
Los ágiles remeros se llevan gozosos al Sr. Obispo y a los Padres; después vuelven por nosotras, disputándose el honor de conducirnos cada cual en su lancha. El día es caluroso en extremo; el bote despide fuego y los rayos del sol reverberan en las tranquilas aguas con vivos destellos que ciegan los ojos. Nos esperan los Padres en el desembarcadero; con ellos están varios indios que quieren conocernos, entre ellos el rey de Truk, convertido poco hace al catolicismo. 
 
Vamos a la casa del señor Obispo seguidas de la gente sencilla que no se aparta de nosotras. La residencia está en un alto, bien situada, pero no puede ser más pobrecita... Nos reunimos en el recibidor el Sr. Obispo y los PP. Superior, Fáber, Suárez y Hernández: se habla de España, de los bienhechores de la misión, de los progresos de ésta y de muchas cosas concernientes a la misma en un tono del todo familiar.

Salimos a recorrer la isla, que tiene poco que ver. En el camino se nos agregan varias indias, y sabemos de una de ellas, ya anciana, que vino de otra isla bastante lejana en busca de .medicinas para su marido y, al saber que íbamos a llegar, se quedó esperándonos tres o cuatro días...


Vamos a la iglesia y rezamos el santo rosario con el pueblo; terminado, el P. Superior` les habla de nosotras, de dónde venimos, a dónde y a qué vamos, y les dice que quién sabe si dentro de unos años cabrá a Truk la misma suerte que a Saipán y a Ponapé. Para lograrlo, rezan tres avemarías a la Santísima Virgen con muchas voces y entusiasmo. 
Nos retra­tan en medio de los fieles, y partimos en la lancha de la misión. ! Adiós, Truk, bella y pobrecita isla. Qué pobre su casa, y la iglesia y todo…Pocos sabemos ahí de la espléndida pobreza en que viven los misioneros de Carolinas; ellos, en cambio están bien abrazados con esta evangélica virtud, pendientes de la amorosa providencia de Dios. ¡Cuánto nos bien nos han hecho…!

Van a Ponapé, pero las distancias son tan largas que a los tres días de barco paran en las Islas de Truk, hoy Chuuk. Es lo suficiente para conocerse mutuamente y el corazón de la M. Margarita se queda con ellos. Años más tarde vinieron las misioneras a Truk.


2014/04/18

En esta celebración de tu Redención


En 1934 se celebró el Año Jubilar de la Redención, y Margarita María, pocos meses antes de su muerte, nos muestra en su oración la profundidad de su alma. Ella nos pone en ambiente de la Pascua que celebramos.    

 ¡Año Jubilar de 1934, yo te saludo!

Señor Jesús, 
¿habrá algún redimido que en esta conmemoración de tu Redención, no haya levantado su corazón y sus ojos a ti, pendiente de la cruz, para decirte un gracias filial y reconocido?
 ¿Habrá algún cristiano, que regenerado por tu sangre y elevado por ti a la dignidad de hijo de Dios, que no haya besado tus llagas, fuentes de nuestra salud? 
¿Encontrarás en esta familia redimida por ti, y por ti ennoblecida, un sólo cristiano, que llamándose hijo de tu esposa la Iglesia, no haya pensado, siquiera una vez, extender esa misma Iglesia?
Pues bien, Jesús, yo quiero ofrendarte en este año jubilar: 
Mi corazón, que ha de latir sólo por ti, entonando en el secreto de su santuario un himno constante de gratitud a tu Redención. 
Mi trabajo, que desde hoy ha de tener una meta única: cristianizarme y cristianizar a mi familia y, en cuanto pueda, a la sociedad. 
Mis penas, dificultades, reveses y dolores para que, unidos cada mañana en el mismo cáliz donde se deposita tu sangre de infinito precio, valgan para que la Humanidad entera venga a tu regazo. ¡Adveniat regnum tuum! 
                                                                                                      Margarita María Maturana, 1934