2014/12/08

Mensaje de MM Maturana: MARÍA INMACULADA


¡ALÉGRATE, LLENA DE GRACIA, 
EL SEÑOR ESTÁ CONTIGO...!
¡AQUÍ ESTÁ LA ESCLAVA DEL SEÑOR, 
HÁGASE EN MI SEGÚN TU PALABRA!

2014/11/24

Viaje Misionero alrededor del Mundo: 11-FEFEN (TRUK)



11- Fefen (Truk)
Llegamos a Truk el 2 de diciembre muy de mañana. Antes de las ocho ya entraba en nuestro barco el H. Mancera con órdenes del Sr. Obispo para que desembarcáramos y fuéramos a comer a Fefen. Es esta una isla del archipiélago de Truk.
La lancha iba tripulada por cinco remeros de Morlok, del mismo Lukunor, donde tanto nos desean misionero y nativos: son jóvenes, fuertes, de tez bronceada y movimientos agilísimos.
i Qué trayecto tan precioso el que recorremos ! Una fresca brisa acaricia nuestros rostros, rizando al paso levemente las aguas; a los dos lados de la lancha vamos dejando atrás Toloas, por la derecha, con su bonita ribera de cocoteros altísimos y toda su vegetación exuberante, que no deja un palmo de terreno sin árboles, sin plantas o maleza.
A la izquierda, otra islita menos poblada, con la misma riqueza de flora tropical y el precioso festón de mangle orillándola primorosamente.

Llevamos navegando más de hora y media, cuando vemos una vinta tripulada por tres o cuatro personas que desde lejos nos examinan. En cuanto se dan cuenta de quiénes somos cambian el rumbo y corren hacia la orilla, desembarcando al punto. Momentos después el viento trae hasta nosotras el sonido de un cuerno cada vez más cercano, mientras que, con otro eco semejante, responden desde el bosque como dándose por entendidos de la señal.
Entonces comprendemos que avisan nuestra llegada; por entre los claros que dejan los árboles vemos gente que corre y se apresura por adelantarse a nuestra lancha, trepando cuestas, metiéndose, por entre los zarzales, sin faltar algunos que, por abreviar camino, entran en las canoas que están resguardadas bajo el mangle y las hacen volar al empuje de sus remos. Van todos ellos vestidos, como los de Ponapé, con trajes de colores muy fuertes, abundando el rojo y anaranjado.
Ya estamos en el Oror, nombre que ellos dan al desembarcadero. Este no es otra cosa que una estrecha y muy larga hilera de piedras que, desde la orilla, entra en el mar. En la punta de esta especie de rompeolas, está el H. Casasayas indicando a nuestros remeros por dónde deben entrar la lancha; es que va faltando el agua y ya no podemos avanzar. Para evitarnos la molestia de caminar por encima de las desiguales piedras que forman aquel original desembarcadero, arriman otra lancha, a la que pasamos dos de nosotras. 

Aligerada de peso la otra barca, se meten en el agua los remeros y despacito van llevando las dos lanchas casi a pulso una tras de otra hasta la orilla. En ella está el simpático vecindario de Fefen con su misionero el P. Hernández, cantando la Marcha Real española con letra a la Santísima Virgen en la lengua de Truk. No acertaré a decir lo que el inesperado recibimiento nos conmueve. El pueblo prorrumpe en “vivas”; en este momento se me acerca el rey de la isla dándome la bienvenida en nombre de todos y presentándome una gallina que trae bajo el brazo...

La casa de la Misión está a dos pases del mar. i Qué linda aparece vestida de fresco ramaje que trepa por las ventanas en graciosa enredadera salpicada de campanillas rojas !
La iglesia está en el piso bajo de la casa... reñida con todos los cánones ; pero ¿qué hacer si en estas pobres islas tienen hambre de Dios y los recursos del misionero no alcanzan para levantar la iglesia que hace tiempo está proyectada?... ¡Oh, si en España vieran la choza que Jesús Sacramentado tiene por morada! Si oyeran los relatos del misionero, que, para hacer una pequeña obra en la Casa a fin de que sobre el Sagrario no hubiese habitación, se vió obligado a vender el poco ganado que tenía! Estas hazañas de los heroicos misioneros sólo en el cielo se saben con detalles; nosotros levantamos tan sólo una punta del velo de modestia que las cubre y entierra...

Comemos en casa del misionero, que nos ha preparado mesa abundante. Desde la galería donde estamos se ve una especie de explanada que hay delante, toda llena de gente que ha acampado allí para no perdernos de vista. El recibidor está lleno de niños y hasta de hombres y mujeres sentados en cuclillas en el suelo silenciosamente. A ratos suena la campanilla, y es que viene algún principal de la isla con bananas, piñas y otros parecidos regalos.

 Apenas terminamos de comer, quiere el Padre Misionero llevarnos a un alto que hay cerca de la casa, de vistas preciosas, donde dice tiene él pensado edificar el convento para nuestras Hermanas. Realmente es un sitio encantador: desde él se domina el mar bordado a trechos por pequeñas islas; verdaderos jarrones de palmeras, que hacen olvidar la monotonía de las aguas.
Nos ha seguido todo el pueblo, y al saber que estamos viendo el terreno donde podría edificarse casa para las Madres, todos se muestran gozosos. Comisionado por un grupo de hombres algo apartado de nosotras se acerca un joven y ruega al Padre Misionero me diga que todos están deseando de tenernos en la isla y que nos quedemos con ellos, porque nos querrán mucho y no nos faltará nada... Le contesto que ahora no puede ser, pero que rueguen a Dios para que, si Él quiere, vengamos pronto.
Entonces una mujercita me dice que cuánto mejor es que nos quedemos ahora sin andar yendo y viniendo... i Pobre gente, qué contenta me vería yo si pudiera complaceros!

Marchamos camino del puerto escoltados por los isleños, que van poniéndose tristes según nos acercamos al mar. Cuando, ya dentro de la lancha, les despedimos y el Padre quiere que canten como a la llegada... no pueden; el llanto les impide emitir la voz, saludan con las manos y nosotras correspondemos agitando los pañuelos hasta perderlos de vista.

Vienen con nosotros el P. Hernández y el H. Casasayas, que quieren enseñarnos una capilla donde el Padre viene a celebrar dos veces por semana. Está en la misma isla, pero a mucha distancia; es de techo de nipa, y tan miserable, que en su comparación me parece muy buena la de Fefen.
Dicen que aquí hay muchos protestantes y hasta hace pocos años no había un solo católico.
Desde la iglesia caminamos largo trecho por el bosque, siempre a orillas del mar, disfrutando de un delicioso paisaje y seguidos de la comitiva del pueblo. 

Saludamos al rey, que nos da la mano de una manera inexplicable: junto a su casa hay una choza larga que está destinada a cárcel de las mujeres que no guardan la debida fidelidad a sus maridos. El rey no es católico y vive con dos mujeres. Ya estamos en el desembarcadero; la lancha nos espera para conducirnos al "Ya-wata-Maru", que vemos a lo lejos. ¡Preciosa despedida la del  P. Hernández! "¡Adiós Madres; quiera el Señor que dentro de un año podamos edificar nueva iglesia, y dentro de dos, a lo sumo, tengamos aquí Religiosas!" "Así sea", le digo con todo el alma.

¡Qué hermoso relato de la M. Margarita! Es maestra es describir la belleza de la naturaleza, los sestimientos de las personas y los suyos propios, mirando siempre con los ojos de la fe, y de su vocación misionera! A pesar de conocerlo, emociona el leerlo de nuevo…

2014/08/25

Viaje misionero arededor del Mundo-10,7: ADIOS A PONAPÉ


La misión comienza: las Hermanas visitan las Islas de Ponapé por el camino del mar.

 Adios a Ponapé

De aquí a cuatro días vendrá de Marshall el "Yawata-Maru", que llevará el correo. Yo también me embarcaré en él para Saipán, dejando con pena este trocito de cielo que tan gratos recuerdos ha impreso en mi alma.

Oren para que Dios bendiga a las Hermanas  que aquí quedan y les aumente el deseo que tienen de consagrarse de lleno a las niñas ponapenses; que su ejemplo, sus palabras y toda su acción sirvan para formar en ellas la vida misma de Cristo Señor Nuestro, por cuyo amor aquí han venido."


El Sr. Gobernador nos ofrece la gasolinera del Gobierno, y en ella vinimos las seis religiosas, Lola mi hermana y el P. Fáber, más un matrimonio japonés con dos niños. El señor Gobernador, por cedernos todos los asientos, vino en pie junto al motor. Más de media hora empleó la lancha en salvar la distancia que hay del puerto al sitio donde descansa el "Ya-wata-Maru". Fue media hora triste, en la que todas hablábamos forzadamente por ir embarazados, nuestros ánimos con el pensamiento de la separación.


Nos despedimos sin casi darnos cuenta de que era el adiós postrero, y atentas sólo a que desembarcaran felizmente, y contentas nosotras de verlas dentro del gasolino, y ellas de nuestra tranquilidad, las vimos alejarse riendo, hasta que el gasolino se fué haciendo pequeño y desapareció dé nuestra vista. 
El "Yawata" navegaba ya a toda marcha y la bella isla de Ponapé iba esfumándose poco a poco, perdiendo detalles y apareciendo al fin como una, mancha en el horizonte ; una nube más de las ,e muchas que en el' azul del cielo vagaban errantes en aquel día de tan fuertes emociones. Era el día de San Andrés, del apóstol amante de la Cruz...

La M. Margarita describe con emoción su "adios" a Ponapé, dejando allí a la primera comunidad, formada por 4 hermanas: Concepción Berlaola, Belén Vitores, Dolores Requejo y Serapia Martínez. 
Es precioso su deseo al despedirse: "Oren para que Dios bendiga a las Hermanas  que aquí quedan y les aumente el deseo que tienen de consagrarse de lleno a las niñas ponapenses; que su ejemplo, sus palabras y toda su acción sirvan para formar en ellas la vida misma de Cristo Señor Nuestro, por cuyo amor aquí han venido."


2014/08/02

Viaje misionero alrededor del Mundo: 6-EXCURSIÓN POR EL MAR





Excursión en Ponapé: foto posterior con las alumnas
 Antes de abandonar a Ponapé, dimos un paseo en lancha dentro de las rompientes. Llevábamos el deseo de ver; en un lugar determinado de poca profundidad, cómo se forman los corales. La tarde era muy calurosa, con un .sol abrasador que hacía sudar copiosamente dentro de casa; salimos a las dos y media con los cascos coloniales y paraguas, para mayor prevención.
La lancha de la Misión se balanceaba en el pequeño desembarcadero que hay junto a la sierra mecánica, y cinco carolinos vestidos con pantalón y camiseta, nos aguardan sonrientes. Como apenas hay fondo, no hacen uso de los remos: sale la lancha empujada por los largos varales que ellos usan en todos los bajos y nos llevan costeando la isla, que está preciosamente festoneada de mangle.
A veces, sus ramas forman arcos naturales; graciosas cuevas que sirven de abrigo a las vintas, o, mejor dicho, de resguardo contra los rayos del sol. Hay algunas chocitas de pescadores a la misma orilla.
Estamos en medio de la magnífica bahía: corre un viento agradable, que amengua el terrible calor, pero nos hace temer que déscomponga nuestros planes. Para ver los corales, tiene que estar el mar muy en calma; cuando el viento riza su superficie no es posible ver el lecho en que nacen y crecen como plantas marítimas que el salitre petrifica... Los remeros bogan con empuje hacia una isla pequeña que queda frente a Ponapé; de pronto, dejan los remos y hacen Señales para que miremos al fondo del mar, qué aparece a: nuestra vista realmente maravilloso.
La aguas, del todo tranquilas, dejan ver, con trasparencia limpísima, a una profundidad de cuatro o seis metros, un verdadero jardín de plantas y flores nunca vistas: allí, una especie de arbusto con grueso tronco del que arrancan ramas delgadas y finas de un color lechoso; más lejos, una especie de rosa de tamaño natural que tiene por pétalos rositas pequeñas de color anaranjado... A nuestros pies, grandes piedras redondas con una concavidad en el centro, de las que brotan, como plantas de un macetero, corales bellísimos .que, nos arrancan gritos de admiración.
Los nativos, de pie en la lancha, buscan algo que nosotras no vemos... De repente, se .ponen_ dos de ellos unas gafas de buzos y, vestidos como están, se lanzan con la rapidez de una saeta cada uno a un punto determinado. Yo no sé el tiempo que los vemos dentro del agua sin apenas moverse, rectos, de cara al fondo, escogiendo entre unos y otros corales como si es-tuvieran en tierra... Luego salen jadeantes y se acercan a la lancha trayendo en la mano, victoriosos, cada uno un precioso coral. Y vuelta a sumergirse más lejos y en sitios más profundos para arrancar de una y otra parte los ejemplares que ellos conocen más raros y escogidos. iCómo gozan cuando ven nuestros ojos de admiración, y con qué gusto se echan de nuevo al mar!


Así continúan largo rato sin atender a nuestras repetidas instancias de que no se cansen, porque ya tenemos más piedras de las que podemos llevar. Por fin, empuñan los remos y, en-papados en agua como están, nos ofrecen llevarnos a un criadero de tortugas propiedad de un japonés. Está a corta distancia, y pagamos un buen trecho de mar metiéndose la embarcación por entre el mangle, que a veces forma una especie de túnel abovedado.
Las tortugas están encerradas en un como lago natural formado por el mangle y rodeado por una empalizada. A ella se acerca nuestra lancha, pero nada vemos. Los pescadores de corales se arrojan al lago por encima de la empalizada y llegan al extremo opuesto del sitio que nosotras ocupamos. Desde allí bracean y agitan las aguas con el fin de asustar a las tortugas y obligarlas a pasar junto a nosotras. En efecto: una masa enorme, de color oscuro, que bien puede tener tres metros de larga, cruza muy ligera delante de nosotras. Se ven claramente sus patas delanteras moviéndose para nadar; tras la primera vienen otras que parecen monstruos marinos, verdaderos gigantes de mar, de increíbles dimensiones.
A la vuelta recorremos el mismo camino y cogemos,' es decir, cogen los indios, una preciosa estrella de mar de color azul eléctrico. Volvemos en silencio mirando al fondo de aquellas aguas transparentes que encierran tesoros de la sabiduría, poder y bondad de Dios Nuestro Señor.

Qué magnifica descripción de la pluma de la M. Margarita! Parece que estamos viendo el fondo del mar y sus bellezas...y qué visión de fe: Volvemos en silencio mirando al fondo de aquellas aguas transparentes que encierran tesoros de la sabiduría, poder y bondad de Dios Nuestro Señor.


2014/07/29

Viaje misionero alrededor del Mundo: 10-5 NUESTRA CASA EN PONAPÉ

Nueestra casa en Ponapé




Las hermanas que aquí quedan se trasladarán a la otra casa el próximo enero. Van a vivir en el que fue convento de las Madres alemanas, pero están reformándole mucho: alrededor de la casa, a la que han añadido varias dependencias, han puesto una galería espaciosa que la transforma por completo. Desde ella se disfruta el panorama espléndido de los cocoteros y de la vista del mar. 
En edificio aparte, que también perteneció a las religiosas alemanas, está el Colegio, y a dos pasos del convento, lo que fue, y también ahora será, internado de las niñas.

 La finca es grande: llega hasta el mar y habrá sitio, abundante para criar gallinas, cabritos y conejos. Tienen la iglesia muy cerca, y con Jesús por, vecino, consejero y guía..., no sé qué puede faltar aquí.


Cuando se trasladen a la casa, es decir, con el año nuevo, comenzarán su apostolado, que espero en Dios será de mucho fruto. Las niñas de Ponapé sabrán de amor maternal dentro de poco tiempo: ya se nos acercan cariñosas y dan grandes rodeos por pasar junto a nosotras, como si adivinaran lo mucho que las amamos y el deseo que sentimos de hacerlas buenas cristianas. 

Para comenzar a aprender el Ponapé hemos traído a casa dos muchachitas de trece y catorce años respectivamente. Se llaman Ana y Catalina; la primera es la hija de Luis; parece muy dulce, muy buena y es amiga de toda piedad. Catalina es más revoltosa; habla por los codos y no sabe estarse quieta. Es sobrina de la anciana Carmen, que tantos servicios prestó a  la Misión.

La M. Margarita nos describe la nueva casa en Ponapé. Esta vez hay suerte, pues utilizan la casa, colegio e internado de las religiosas alemanas que se habían marchado. No se le escapa nada, desde la vista al mar hasta los conejos...y su espíritu miaionero: " Las niñas de Ponapé sabrán de amor maternal y lo mucho que las amamos..."

2014/07/23

Viaje misionero alrededor del Mundo: 4-Fiestas en Ponapé




"Hemos llegado a Ponapé en tan buena coyuntura que, por razón de las fiestas que los japoneses celebran por la coronación del Emperador, han tenido los indios sus danzas típicas y las han hecho con desusada solemnidad. Las celebración de la gran plaza que V.R. conoce, delante del Gobernador de la isla y de los reyes de Kiti, Metalanim y U, y de innumerables indios y japoneses.

A manera de tribuna, levantaron una especie de barraca con techo de nipa; allí se colocó la gente principal y allí, junto al rey de Kiti, nos hizo sitio el swanji o primer ministro de Kiti. Salieron a bailar por orden las cuadrillas de los cinco reinos, todas muy numerosas, de ochenta o más indios a la vez. En una de ellas tomaban parte ciento veinte y danzaron con verdadera maestría. Había que ver aquellos hombres fornidos con sus trajes en forma de saya corta, hecha con la guía de la palmera del coco y teñida en colores diversos, pálidos unos y de un solferino fuerte los más! En la cabeza una corona del tono de la saya y alrededor del cuello largos y bonitos collares de piedrecillas extrañas.

Yo traté de filmar una de las danzas; ellos se dieron cuenta y se les conocía lo contentos que estaban. Al terminarla, se me acercó uno de los principales con una lanza en la mano y me la ofreció en señal de agradecimiento.
Las danzas, acompañadas de un canto lúgubre, tienen sabor muy guerrero y se conoce son de tiempos antiquísimos; a mí me gustaron extraordinariamente. Por la tarde de este mismo día vinieron a casa varios indios acompañados de Carmen, su antigua catequista, y me ofrecieron dos sayas de las que lucieron en el baile, un sombrero de los que ellos fabrican y dos pollitos...
Uno de los indios era Melchor, el ayudante de Misa del Padre Luis, que ahora es un mozo de lo más gallardo, con ojos de inocencia y candor. Habla un poco de español, y me encargó saludara a V. R. Por supuesto, Carmen y sus amigos me dijeron lo mismo con gran encarecimiento.

A Carmen y a las otras mujeres que con ella venían, les di unos grandes cuadros de la Santísima Virgen que traje de España; tenían colores vivos y les gustaron mucho. A los indios se me ocurrió ofrecerles unas filarmónicas y, al verlas, hasta los viejos se abalanzaron a ellas y marcharon por el bosque tocando todos a la vez y riendo con estrépito". 

La M. Margarita sabe compartir la alegría y goza con las danzas nativas, y a la vez les admira y les ofrece también sus regalos bien apreciados por ellos.
Hoy 23, víspera de su día, gozara contemplando la fiesta que las hermanas, amigos y pueblo disfrutarán en Bérriz, el la que habrá música, teatro, danzas y por supuesto merienda. Nos unimos a ellos...