Mensaje del DOMUND 2012-3: LA PRIORIDAD DE EVANGELIZAR
La prioridad de evangelizar
Para un Pastor, pues, el mandato de predicar el Evangelio no
se agota en la atención por la parte del Pueblo de Dios que se le ha confiado a
su cuidado pastoral, o en el envío de algún sacerdote, laico o laica Fidei
donum. Debe implicar todas las actividades de la iglesia local, todos sus
sectores y, en resumidas cuentas, todo su ser y su trabajo.
El Concilio
Vaticano II lo ha indicado con claridad y el Magisterio posterior lo ha
reiterado con vigor. Esto implica adecuar constantemente estilos de vida,
planes pastorales y organizaciones diocesanas a esta dimensión fundamental de
ser Iglesia, especialmente en nuestro mundo que cambia de continuo.
Y esto vale
también tanto para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida
Apostólicas, como para los Movimientos eclesiales: todos los componentes del
gran mosaico de la Iglesia deben sentirse fuertemente interpelados por el
mandamiento del Señor de predicar el Evangelio, de modo que Cristo sea
anunciado por todas partes.
Nosotros los Pastores, los religiosos, las
religiosas y todos los fieles en Cristo, debemos seguir las huellas del apóstol
Pablo, quien, “prisionero de Cristo para los gentiles” (Ef 3,1), ha trabajado,
sufrido y luchado para llevar el Evangelio entre los paganos (Col 1,24-29), sin
ahorrar energías, tiempo y medios para dar a conocer el Mensaje de Cristo.
También hoy, la misión ad gentes debe ser el horizonte
constante y el paradigma en todas las actividades eclesiales, porque la misma
identidad de la Iglesia está constituida por la fe en el misterio de Dios, que
se ha revelado en Cristo para traernos la salvación, y por la misión de testimoniarlo
y anunciarlo al mundo, hasta que Él vuelva.
Como Pablo, debemos dirigirnos
hacia los que están lejos, aquellos que no conocen todavía a Cristo y no han
experimentado aún la paternidad de Dios, con la conciencia de que “la
cooperación misionera se debe ampliar hoy con nuevas formas para incluir no
sólo la ayuda económica, sino también la participación directa en la
evangelización” (Juan Pablo II, Carta encíclica Redemptoris missio, 82).
La
celebración del Año de la Fe y el Sínodo de los Obispos sobre la nueva
evangelización serán ocasiones propicias para un nuevo impulso de la
cooperación misionera, sobre todo en esta segunda dimensión.



Comentarios
Publicar un comentario