En este tiempo la vida interior de la M. Margarita ha
ganado hondura. Unirse con Dios es su vida y todo su gozo.
El Padre ha tomado en ella la iniciativa, y ya no es ella
quién busca a Dios, es El que la atrae y quien la llama y le enseña la oración
de fe, una oración que la mantiene unida a Él todo el día, le comunica su misma
vida y su espíritu redentor y quiere transformarla por completo. Una corriente
de vida nueva la invade y le hace
exclamar: "Es Cristo quien vive en mí".
Descubre la vocación
misionera como una llamada de Dios
a la santidad. Le pide al
Padre que la empape de espíritu redentor, para poder llevar
la liberación a toda la
humanidad.
María le descubre un mundo nuevo de santidad y con ella entra en esa "vida nueva" de amor
solitario y fuerte, de fe y de verdad.
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