Viaje misionero alrededor del Mundo:10,3-ENCUENTROS CON AMIGOS




Por la tarde, tuve el gusto de conocer y saludar al bonísimo Domingo, el gran amigo del P. Luis. De veras que es bueno y sencillo, y le guarda una ley al Padre Luis, que, de seguro, si le oye, se le saltan las lágrimas de alegría. En su castellano sui géneris nos dijo que él quería ser servidor de las Hermanas, que le pidamos cualquier servicio y que todos los días ruega a Dios para que vuelva usted a la isla donde tanto se le quiere. El pobre desea escribirle, pero nos dijo, después de dar mil vueltas al sombrero que traía en las manos, que no le escribe porque no sabe el tratamiento que hay que dar a usted...Yo le quité los escrúpulos, y espero llevarme a España una carta suya, que usted apreciará seguramente más que la del mayor magnate.
Desde esta primera visita trajo regalos: piñas, bananas, huevos, etc. Al día siguiente volvió con su mujer; una buena moza de agradable tipo y cara muy expresiva, ataviada con un traje de color de rosa que es todo lo que hay que ver. Elisabeth no sabe castellano; nos entendimos con la mímica y valiéndonos de su marido como intérprete. Trajo nueve grandes cangrejos pescados, por ella misma en el mangle.

También ha pasado por aquí Donato, el filipino, con dos de sus hijos y Sofía, su mujer. Ella trajo un gallo para las Madres y el mayorcito de los niños, un racimo de bananas.
Se sentaron y hablamos despacio; él, a su modo, nos dio a entender que no sabía decirnos cuánto era su agradecimiento por nuestra venida, y que nunca nos pagarán los naturales el sacrificio que hemos hecho de nuestras vidas para bien de sus almas. Esto del sacrificio de nuestras vidas nos lo dijo textualmente bajando mucho la cabeza dejando correr dos lagrimones que revelaban la grandeza de su alma hermosísima.
Después hablamos del Padre Luis, y aquí fue el brillar de los ojos de Donato y Sofía y el decirnos que tenían preparado un retrato para  y que hiciera yo el favor de traérselo, porque eso de mandarlo por correo les parecía muy aventurado. i i Con tantos mares como había de cruzar !

Después de hablar a todos, la M. Margarita estra en relación con algunas familias. Impresiona su sencillez y agradecimiento expresado en sus regalos. Ellos se dan perfecta cuenta del sacrificio de la vida misionera...

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