Viaje misionero alrededor del Mundo: 10-5 NUESTRA CASA EN PONAPÉ

Nueestra casa en Ponapé




Las hermanas que aquí quedan se trasladarán a la otra casa el próximo enero. Van a vivir en el que fue convento de las Madres alemanas, pero están reformándole mucho: alrededor de la casa, a la que han añadido varias dependencias, han puesto una galería espaciosa que la transforma por completo. Desde ella se disfruta el panorama espléndido de los cocoteros y de la vista del mar. 
En edificio aparte, que también perteneció a las religiosas alemanas, está el Colegio, y a dos pasos del convento, lo que fue, y también ahora será, internado de las niñas.

 La finca es grande: llega hasta el mar y habrá sitio, abundante para criar gallinas, cabritos y conejos. Tienen la iglesia muy cerca, y con Jesús por, vecino, consejero y guía..., no sé qué puede faltar aquí.


Cuando se trasladen a la casa, es decir, con el año nuevo, comenzarán su apostolado, que espero en Dios será de mucho fruto. Las niñas de Ponapé sabrán de amor maternal dentro de poco tiempo: ya se nos acercan cariñosas y dan grandes rodeos por pasar junto a nosotras, como si adivinaran lo mucho que las amamos y el deseo que sentimos de hacerlas buenas cristianas. 

Para comenzar a aprender el Ponapé hemos traído a casa dos muchachitas de trece y catorce años respectivamente. Se llaman Ana y Catalina; la primera es la hija de Luis; parece muy dulce, muy buena y es amiga de toda piedad. Catalina es más revoltosa; habla por los codos y no sabe estarse quieta. Es sobrina de la anciana Carmen, que tantos servicios prestó a  la Misión.

La M. Margarita nos describe la nueva casa en Ponapé. Esta vez hay suerte, pues utilizan la casa, colegio e internado de las religiosas alemanas que se habían marchado. No se le escapa nada, desde la vista al mar hasta los conejos...y su espíritu miaionero: " Las niñas de Ponapé sabrán de amor maternal y lo mucho que las amamos..."

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