Viaje misionero alrededor del Mundo: 4-Fiestas en Ponapé




"Hemos llegado a Ponapé en tan buena coyuntura que, por razón de las fiestas que los japoneses celebran por la coronación del Emperador, han tenido los indios sus danzas típicas y las han hecho con desusada solemnidad. Las celebración de la gran plaza que V.R. conoce, delante del Gobernador de la isla y de los reyes de Kiti, Metalanim y U, y de innumerables indios y japoneses.

A manera de tribuna, levantaron una especie de barraca con techo de nipa; allí se colocó la gente principal y allí, junto al rey de Kiti, nos hizo sitio el swanji o primer ministro de Kiti. Salieron a bailar por orden las cuadrillas de los cinco reinos, todas muy numerosas, de ochenta o más indios a la vez. En una de ellas tomaban parte ciento veinte y danzaron con verdadera maestría. Había que ver aquellos hombres fornidos con sus trajes en forma de saya corta, hecha con la guía de la palmera del coco y teñida en colores diversos, pálidos unos y de un solferino fuerte los más! En la cabeza una corona del tono de la saya y alrededor del cuello largos y bonitos collares de piedrecillas extrañas.

Yo traté de filmar una de las danzas; ellos se dieron cuenta y se les conocía lo contentos que estaban. Al terminarla, se me acercó uno de los principales con una lanza en la mano y me la ofreció en señal de agradecimiento.
Las danzas, acompañadas de un canto lúgubre, tienen sabor muy guerrero y se conoce son de tiempos antiquísimos; a mí me gustaron extraordinariamente. Por la tarde de este mismo día vinieron a casa varios indios acompañados de Carmen, su antigua catequista, y me ofrecieron dos sayas de las que lucieron en el baile, un sombrero de los que ellos fabrican y dos pollitos...
Uno de los indios era Melchor, el ayudante de Misa del Padre Luis, que ahora es un mozo de lo más gallardo, con ojos de inocencia y candor. Habla un poco de español, y me encargó saludara a V. R. Por supuesto, Carmen y sus amigos me dijeron lo mismo con gran encarecimiento.

A Carmen y a las otras mujeres que con ella venían, les di unos grandes cuadros de la Santísima Virgen que traje de España; tenían colores vivos y les gustaron mucho. A los indios se me ocurrió ofrecerles unas filarmónicas y, al verlas, hasta los viejos se abalanzaron a ellas y marcharon por el bosque tocando todos a la vez y riendo con estrépito". 

La M. Margarita sabe compartir la alegría y goza con las danzas nativas, y a la vez les admira y les ofrece también sus regalos bien apreciados por ellos.
Hoy 23, víspera de su día, gozara contemplando la fiesta que las hermanas, amigos y pueblo disfrutarán en Bérriz, el la que habrá música, teatro, danzas y por supuesto merienda. Nos unimos a ellos...









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