La M. Margarita contó para esta
transformación con personas que le prestaron su mejor ayuda: Los jesuitas PP. Chalbaud, y Vidal, que residían en
Bilbao y Roma respectivamente y el P.
Zameza, que la orientó en todos sus pasos. El mercedario, P. Manuel Sancho, fue su director
espiritual durante más de 7 años.
De acuerdo con la
comunidad presentó a Roma, la solicitud para transformarse en Congregación, si
es posible, conservando el título y privilegios de la Orden.
En enero de 1930
llegó la respuesta, en que se aceptaba la transformación en Instituto de votos
simples, pero se requería las cartas comendaticias de los Obispos de Japón,
Wuhu, Islas Marianas y Vitoria y una votación secreta de las hermanas, ante el
Obispo de la Diócesis o su delegado.
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