Margarita María regresó
a Bérriz el día de San José de 1929 y la
Comunidad la recibió con un inmenso cariño. En verdad que tiene que dar muchas
gracias a Dios pues este viaje ha sido un don suyo especialísimo.
Ahora que conoce lo
que son las misiones le
será más fácil a la M.
Margarita preparar el personal y resolver con acierto las dificultades. El paso por estas grandes naciones que
no conocen a Jesucristo, donde el "adveniat regnum tuum" no se cae de
los labios le ha hecho mucho bien en su vida de oración continua.
China y Japón
le parecieron misiones muy distintas. En China la guerra les obliga a nuevos
planteamientos y Japón
exige más medios y les pide grandes sacrificios. Las Islas de Micronesia son tal como se las
había imaginado Misiones
en medio del mar, con una naturaleza frondosa muy bella, alejadas de otros países, con
pocos medios materiales pero con unas personas abiertas a todo… y a Dios. Pero
en cualquier misión lo importantes es que Dios haga su obra y para ello tienen que confiar
mucho en la oración.
En este tiempo se inauguró el nuevo noviciado para
misioneras, las futuras misioneras fueron a estudiar enfermería a Bilbao, comenzó
la exposición diaria del Santísimo Sacramento…La vida crecía, empujaba…
y la M. Margarita
comenzó a vislumbrar la necesidad de una transformación más radical: pasar de Monasterio
de clausura papal a Instituto misionero.
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