VIAJE MISIONERO ALREDEDOR DEL MUNDO- CAP. XII,7- TOKYO- SANGHAI
XII, 7- TOKYO- SHANGHAI
El 4, viernes, nuevas despedidas: dejamos a las Hermanas de
Tokyo para tomar el tren que ha de llevarnos hasta Kobe.
Pasamos por Kyoto, la ciudad sagrada, sin poderla saludar
por estar, aún dormida en las sombras de la noche. Apenas divisamos por entre
los empañados cristales algunos tejados típicos blanqueados por la fuerte
helada nocturna.
Osaka, la gran urbe de dos millones de habitantes, empieza a
desperezarse a nuestro paso acariciada por los primeros rayos del sol.
Altísimas montañas cubiertas de nieve, pinares, fábricas' enormes, extensos
arrozales y multitud de edificios japoneses y europeos pasan delante de
nosotros en vertiginosa carrera, sin darnos tiempo a parar la atención en
ningún detalle.
En un taxis vamos al muelle, donde está fondeado el "Nagasaki-Maru”;
es un buen correo de seis a ocho mil toneladas que hace el recorrido de Kobe a
Shanghai en cuarenta y ocho horas. Es de la misma compañía "Nippon Yusen
Kaisha" que nos ha llevado a las islas. No admiten más pasajeros que de
primera y tercera clase; por eso vamos en primera, con unos diez caballeros y
señoras americanos y otros tantos japoneses y chinos.
La mar nos recibe con calma; pero, apenas salimos de Nagasaki,
se revuelve furiosa y zarandea al barco sin compasión.
Lola y yo bajamos al comedor tan serenas como siempre. Está
casi desierto; somos las únicas que hemos bajado, no sólo entre las señoras,
sino aun entre todos los pasajeros. La noche., muy intranquila. Amanece con
tendencia a mejorar el tiempo, y entramos en Shanghai con una mar muy mansa y
un sol espléndido.
Nos obligan a abrir el baúl, y sospechan de dos cajas de
latón bastante grandes que en él llevamos ; están repletas de estampas,
rosarios y medallas... No miran más.
También les cuesta dejar pasar el aparato de filmar que yo
llevo.
La M. Margarita sigue con su diario de viaje. Ella que entró en el Monasterio de Bérriz para ser monja de clausura, se está recorriendo el Mundo. Ahora, después de visitar a la misión de Micronesia, pasa de nuevo por Japón para ir a la primera misión, la de China.
Para eso, viaje y viaje en los medios del año 1929. Ella no se queja nunca y mira todo con ojos nuevos.



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