VIAJE MISIONERO ALREDEDOR DEL MUNDO: CAPÍTULO XII, 1- CAMINO DE VUELTA, SAIPÁN
DICIEMBRE 6 (jueves). — Llegamos a Saipán después de muy
buen viaje.
Nos ocupamos en ordenar las listas de las alumnas matriculadas
y resolver la difícil cuestión del derecho que tienen los japoneses a obligar a
los nativos a asistir a las escuelas del Gobierno desde los ocho a los once
años de edad. Para evitar conflictos, me voy a visitar al Sr. Gobernador, con
un chamorro muy instruido, llamado Sablan, por intérprete.
El Gobernador nos recibe amablemente; le digo mis deseos de
saludarle antes de dejar la isla, y después de varios preámbulos, tocamos, como
al descuido, el punto capital del Colegio. Dice que el edificio actual de la escuela
japonesa es insuficiente y que mientras se levanta uno nuevo, mirará con gusto asistan
a la nuestra las niñas que por su edad debían ir a la de ellos. Además, para la
admisión en la escuela japonesa, se mide con mucho rigor antropométrico a
los niños, excluyendo a todos los que no están bien formados, y el Gobernador
me pide, como favor, que las admitamos nosotras. Salimos contentas.
Los días siguientes continuamos ocupándonos de la distribución
que ha de seguirse en las clases y trazamos algunos programas de labores, etc.
Yo escribo cartas para echarlas a nuestra llegada al Japón.
Visitamos también a
personas bienhechoras del Colegio; al abuelo de Úrsula, que tiene a su mujer
enferma, una anciana consumida por los años y las dolencias, que yace en una
cama y que, al oírme hablar del cielo, se ríe dulcemente.
Vemos también al alcalde, Sr. Reyes, enfermo de parálisis
hace cuatro años. Es carolino, de sangre española, muy favorecedor de la
religión y de nuestro Colegio. Al entrar en la habitación, se notaba falta de
oxígeno y un calor insoportable; es que no había una sola ventana, y esto, en
Saipán, es como para morir de asfixia.
Además, el cuarto, convertido en oratorio, tenía encendidas
más de doce velas, alumbrando una pintoresca gruta de Belén y multitud de
cuadros de santos y santas, entre los cuales descollaba San Isidro en sitio de
preferencia. El enfermo, tendido en el lecho, apenas puede moverse, pero se lee
en sus ojos cuánto agradece nuestra visita. Lleva la enfermedad con gran resignación
y comulga todos los viernes del mes.
La M. Margarita María va a dejar las Islas, y se detiene en Saipán para inaugurar el Colegio y dejarlo funcionando. En poco tiempo las Hermanas y los amigos han avanzado bastante en su preparación. En el relato se la ve tal cual es: Atenta, organizadora, cercana a las personas de toda condición, compasiva...y podríamos seguir...seguiremos acompañándola en su viaje.



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