Viaje misionero arededor del Mundo-10,7: ADIOS A PONAPÉ


La misión comienza: las Hermanas visitan las Islas de Ponapé por el camino del mar.

 Adios a Ponapé

De aquí a cuatro días vendrá de Marshall el "Yawata-Maru", que llevará el correo. Yo también me embarcaré en él para Saipán, dejando con pena este trocito de cielo que tan gratos recuerdos ha impreso en mi alma.

Oren para que Dios bendiga a las Hermanas  que aquí quedan y les aumente el deseo que tienen de consagrarse de lleno a las niñas ponapenses; que su ejemplo, sus palabras y toda su acción sirvan para formar en ellas la vida misma de Cristo Señor Nuestro, por cuyo amor aquí han venido."


El Sr. Gobernador nos ofrece la gasolinera del Gobierno, y en ella vinimos las seis religiosas, Lola mi hermana y el P. Fáber, más un matrimonio japonés con dos niños. El señor Gobernador, por cedernos todos los asientos, vino en pie junto al motor. Más de media hora empleó la lancha en salvar la distancia que hay del puerto al sitio donde descansa el "Ya-wata-Maru". Fue media hora triste, en la que todas hablábamos forzadamente por ir embarazados, nuestros ánimos con el pensamiento de la separación.


Nos despedimos sin casi darnos cuenta de que era el adiós postrero, y atentas sólo a que desembarcaran felizmente, y contentas nosotras de verlas dentro del gasolino, y ellas de nuestra tranquilidad, las vimos alejarse riendo, hasta que el gasolino se fué haciendo pequeño y desapareció dé nuestra vista. 
El "Yawata" navegaba ya a toda marcha y la bella isla de Ponapé iba esfumándose poco a poco, perdiendo detalles y apareciendo al fin como una, mancha en el horizonte ; una nube más de las ,e muchas que en el' azul del cielo vagaban errantes en aquel día de tan fuertes emociones. Era el día de San Andrés, del apóstol amante de la Cruz...

La M. Margarita describe con emoción su "adios" a Ponapé, dejando allí a la primera comunidad, formada por 4 hermanas: Concepción Berlaola, Belén Vitores, Dolores Requejo y Serapia Martínez. 
Es precioso su deseo al despedirse: "Oren para que Dios bendiga a las Hermanas  que aquí quedan y les aumente el deseo que tienen de consagrarse de lleno a las niñas ponapenses; que su ejemplo, sus palabras y toda su acción sirvan para formar en ellas la vida misma de Cristo Señor Nuestro, por cuyo amor aquí han venido."


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