Viaje misionero alrededor del Mundo: 9.2- SAIPAN, LLEGAMOS A CASA




9.2: SAIPÁN, LLEGAMOS A CASA

Atracamos, y yo salto a tierra la primera; no veo nada, porque al punto me estrechan los brazos de mis queridas hermanas y no acertaría a decir más de aquellos felices momentos.

Luego nos vemos rodeadas del pueblo entero; niños, hombres, mujeres... Pasamos por medio de todos saludándolos con cariño. Qué felices se consideran los que pueden acercársenos con el sombrero en la mano y decirnos una palabrita en español. Tienen rostros muy agradables, mirada viva y un gesto de candor que no lo he visto en parte alguna. Son chamorros, y entre las mujeres hay alguna carolina, de las que asisten al colegio. 

Vamos a la iglesia; allí, bajo dosel y en el presbiterio, nos aguarda el dulce Mons. Rego, que ha llegado antes: Se dirige al pueblo y les exhorta a bendecir a Dios Nuestro Señor por el beneficio que les ha hecho de traer a Saipán religiosas que miren por su bien. Los niños cantan el "Corazón Santo" en chamorro; recibimos la bendición del Prelado y, rodeadas de toda la gente, nos dirigimos al convento de los PP. jesuitas. Saludamos brevemente a los PP. de la Fuente y Gomucio y HH. Oroquieta, Arrondo, Unamuno y Mancera.

  De allí vamos al convento de las hermanas, el que va a ser nuestro. Entramos en la capilla; Nuestra Santísima Madre, en un altarcito cuajado de flores blancas, vestida toda  de blanco también, mira con ternura de Madre a este grupo de hijas suyas, venidas de tan lejos para hacer conocer y amar a su Hijo. 
Las alumnas del colegio, japonesas, chamorras y carolinas, cantan en gregoriano, que por cierto lo interpretan muy bien, el Salutate Mariam y el Magníficat; el canto de los humildes aprendido de la Madre de Dios. 
Todas nos sentimos enternecidas; Nuestra Madre de Mercedes va a ser la Reina de todas las islas del Pacifico.


Despedimos a esta bonísima gente; a mí me miran con los ojos muy abiertos y entre ellos dicen que soy la Reina General. Acompañadas del  Sr. Obispo y del P. Fáber visitamos las dependencias del convento, recién construido, que está aún sin bendecir. 

La casa forma un ángulo recto; uno de los lados tendrá como veinte metros de largo por seis de ancho. En la planta baja hay una sola pieza dividida por biombos en tres partes, dos de las cuales sirven de clases y la tercera de capilla. En el piso superior hay cinco celdas muy espaciosas y una pequeña tribuna desde la que se ve el altar. La otra ala, algo más corta, tiene en la planta baja el recibidor, y en el piso, el refectorio, con galería abierta al patio. La cocina, despensa, etc., es­tán detrás del comedor. Quedamos muy bien impresionadas.

Qué encuentro tan emotivo con las hermanas, con las alumnas y con el pueblo...y que detalles de los jesuitas: El encuentro con el Sr. Obispo y comunidad en su casa y capilla, la presentación de las hermanas al pueblo. Luego la visita y bendición de la casa de las Hermanas, tan bien acondicionada, la Virgen, los cantos, el cariño...todo hace exclamar a M. Margarita:
"Todas nos sentimos enternecidas; Nuestra Madre de Mercedes va a ser la Reina de todas las islas del Pacifico".




 

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