Viaje misionero alrededor del Mundo:7- JAPÓN 3: VISITAS
El 28 de septiembre empezamos a
pensar en que nos convendría ver algunas casitas para empezar la
fundación, si el Sr. Arzobispo nos da su licencia.
Hoy salimos a visitar al P.
Rector de la Universidad. Las calles están engalanadas con banderas
nacionales, y es la causa que hoy celebra sus bodas el presunto heredero del trono,
Chichibú, hermano del actual Emperador. Como éste, hasta la fecha, no tiene
descendencia masculina, corresponde el trono a su hermano. Bien es verdad que
el Emperador es muy joven y aún puede esperarse que Dios le dé hijos varones.
Nos recibe el P. Rector, que
habla lenta pero muy correctamente el francés. Se habla de cosas interesantes;
de la próxima coronación del Emperador, de las fiestas que se harán en su
honor, etc.
Los católicos se ven
comprometidos en estos casos, porque los
asistentes a estas fiestas deben rendir al Emperador
culto como a un dios. Por eso no asisten a ellas, y ya se van dando cuenta en
la corte de que no es un desacato al monarca, sino una incompatibilidad entre
la religión de los católicos y las ceremonias idolátricas que ellos
acostumbran. Así lo dijo en pleno Congreso el decano del Cuerpo diplomático,
protestante, que en esta ocasión salió a favor de los católicos.
Tratamos también algo del idioma
japonés, que tanta analogía tiene con el euskera, y dicen que no se trata de
una simple semejanza, sino de una verdadera relación de origen, y añadió que
los vascos son los que con más facilidad y mejor acento aprenden el lenguaje
nipón.
Cuando se despidió el P. Rector,
entró el amable Ilustrísimo Sr. Rego
y, como siempre, nos habló un rato de Dios N. S., de su Providencia y de
las admirables trazas con que gobierna el mundo y a cada individuo en
particular. De allí fuimos al jardín que es un verdadero bosque lleno de
frondosos árboles; en medio de un paseo hay un pozo de agua fresquísima, que
todas probamos.
Vimos también en uno de los
extremos del jardín un pequeño chalet que sirvió hace años de centro donde el-Sr. Yamamoto reunía a los jóvenes
estudiantes, amigos suyos, que querían instruirse en la religión. Sentí gran
emoción al verlo: con gusto hubiera visitado su interior y besado sus paredes,
testigos del celo del apóstol católico, que aún vive, y del fervor de sus
convertidos.



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