Viaje misionero alrededor del mundo 7-JAPÓN 2




 SEPTIEMBRE 24 (lunes) 1929. —

El gran día. La Virgen de la Merced en Japón. Mi emoción durante la Santa Misa, es inexplicable. Miro reunidas a los pies de la Virgen, por una providencia especialísima, a hermanas de Wuhú, Saipán, Ponapé y Bérriz; Ella es Madre de todas estas misiones... ¿Nos habrá reunido nuestra Madre para, de cada Casa, coger algún miembro y con ellos fundar otra en el Japón?... iCon qué gran deseo se lo pido!... Algo quiere Ella de este día, de esta reunión verdaderamente inesperada.
Yo pido a Jesús y a María que se acuerden de aquellos primeros Padres nuestros, redentores heroicos que tenían en nada sus vidas por salvar las almas de sus hermanos, y que, por los méritos de ellos, nos hagan a nosotras  la merced de extender nuestro celo por todo el mundo.

Por la tarde nos llevan las Madres a un gran salón para presenciar el ensayo de un festival que sus alumnas preparan para las fiestas de la coronación del Emperador
Es una especie de gimnasia con canto; la hacen con mu­cha gracia, y como es un grupo de doscientas alumnas y tienen, para sus variados pasos, banderas de distintos colores, hace un efecto lindísimo.
 Este número va a ser obligatorio para escuelas y colegios, y uno de estos días en no sé qué parque, va a haber un gran ensayo general al que acudirán unas vein­tiocho mil niñas.


El 26 fuimos a ver lo que aquí llaman "La Maravilla de Oriente", que son unos grandes almacenes encerrados en un magnífico edificio de seis enormes pisos.
Realmente es una verdadera maravilla: la entrada, grandiosa, con vitrinas de más de tres y cuatro metros de alto, en las que exponen preciosos kimonos con sus obis de incalcu­lable valor. Esta entrada es un atrio de proporciones gigantescas y desde ella se ve, en forma de galerías, la construcción de to­dos los pisos.
En el momento en que visitamos nosotras la casa, calculo que habría más de dos mil personas entrando, saliendo y recorriéndolo todo sin comprar nada, por supuesto. Allí se pasa días enteros mucha gente; lo grande es que toda esa multitud va en silencio curioseándolo todo, pero sin hablar con nadie.
Acordábame yo de lo que dice Santa Teresa en su Vida relatando la visita que hizo a no sé qué duquesa, donde la enseñaron tantas curiosidades a la vez, que de ninguna podía hacer memoria. Lo mismo me sucedió a mí. El orden, y la limpieza son extremados.

La Virgen de la Merced en Japón y sus deseos de fundar una comunidad en este país son el centro de este relato en el que también admira las fiestas de las niñas y unos grandes almacenes, que en el año 1929 son "La Maravilla del Oriente"...(continuará)

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