Viaje misionero alrededor del Mundo: 4-UNAS HORAS EL HONG KONG





Nos habían anunciado que llegaríamos a las siete de la mañana. Mucho antes del amanecer ya estábamos en pie la colonia religiosa con intención de participar en la Eucaristía, a las cinco y media, antes de que los comerciantes y cargadores, piratas pacíficos del puerto, se lanzasen al abordaje del buque.
La concurrencia de fieles aumenta con dos pasajeros más: un joven estudiante, natural de Java, que va a la Universidad de Hong-Kong, y un oficial de la Marina francesa, destinado por el Gobierno a hacer el recorrido del río Azul.

Aparece la gran ciudad esfumada en la niebla con sus originales edificios escalonados en la pendiente de la montaña, cuya cumbre se mete entre las nubes grises. A los lados del "D'Artagnan" se ven anclados trasatlánticos ingleses y franceses; toda la gran bahía, salpicada de botecillos, balandros y gasolineras llenos de viajeros que cruzan incesantemente de Hong-Kong a Kowloon y viceversa. Poco a poco se precisa y como que cobra relieve toda la perspectiva del panorama, que es grandioso; los edificios europeos, casas de seguros y enormes hoteles, a la salida del puerto ; más arriba, encajados en los huecos de las peñas o posándose en alturas casi inaccesibles, infinita variedad de elegantes hotelitos medio ocultos entre el frondoso ramaje de gigantes palmeras.

Ya está aquí el remolcador de la Compañía ondeando la bandera blanca y roja. Los pasajeros se preparan a visitar la ciudad cosmopolita levantada en pocos años por el esfuerzo británico y que llegó a ser considerada en algún tiempo como el primer puerto del mundo. Salimos barajados, ingleses, rusos, americanos, chinos, franceses y españoles.
Apoyados en la ligera baranda de la gasolinera, escuchábamos aquella mezcla de idiomas que nos hacía recordar la torre de Babel, cuando de pronto—iBuenos días, RR. Padres y Madres españoles! No es fácil describir lo que siente el corazón alejado de la patria cuando oye hablar su idioma.

Era el Rvdo. Padre Noval, Procurador de las Misiones Dominicanas españolas en el Extremo Oriente, quien venía en busca de los misioneros jesuitas y traía una carta de Wuhú para nosotras.Una de las buenas y amables religiosas de St. Paul de Chartres, estrecha nuestras manos con fraternal afecto y pretende llevarnos a su casa, que parece estar lejos del puerto. 

Se entabla una lucha de cortesía entre ella y el Padre español,  que lleva 32 año en este puerto y quiere obsequiarnos: en esta lucha vence el simpático dominico, que alquila un auto y nos lleva en lenta marcha hasta el convento de las religiosas canosianas.

La ciudad parece un inmenso parque atravesado por magníficos jardines, solamente comparables a los que vimos en Singapore. Son sus calles espaciosas, asfaltadas con tal per-fección, que más bien se asemejan a una alfombra gris tendida sobre el pavimento para silenciar los ruidos de los coches y respetar el sueño de de sus habitantes.
Las calles más estrechas son de típico sabor chino, con sus tiendas colgadas de rótulos chillones : indescifrables caracteres de un continuado jeroglífico ; sus variadísimos tipos de indumentaria, a cuál más original, desde el chino semidesnudo que lleva a los hombros la enorme pinga de la que penden dos grandes cestas, hasta el elegante mandarín de túnica ligera, blanca como la nieve, a través de cuyas largas aberturas laterales se ve el pantalón, blanco también, y muy amplio, de un corte que hace inconfundibles a los chinos aunque prescindan de la túnica.

Hemos subido una calle empinadísima y estamos a las puertas del convento de las religiosas italianas; un conjunto de edificios elegantes y severos de enormes proporciones, construídos a gran altura en la misma montaña
El vasto Colegio, con sus clases perfectamente graduadas, en las que reciben instrucción más de seiscientas alumnas de la colonia europea y otras tantas jóvenes chinas; además de las clases particulares y de adorno, se preparan para ingresar en la Universidad oficial. Las que estudian la carrera de piano van a ser examinadas este año por un tribunal venido de Londres Parece que en Hong-Kong no existe Conservatorio.
Las religiosas canosianas llevan aquí sesenta años. Los edificios actuales son del año 1910. Cuenta este colegio con buen número de profesoras seglares, que ayudan a las religiosas en la enseñanza; muchas de ellas son antiguas alumnas que voluntariamente prestan este servicio.

No queremos marchar de Hong-Kong sin visitar la Procura de los Padres dominicos españoles. Allí están, para salvar la distancia, los típicos palanquines, único vehículo indígena que nos queda por probar. El trote harto marcado de los conductores obliga al viajero a dar saltitos en el asiento al compás de aquella marcha originalísima. Prefiero el suave rodar del pus-pus ; pero dicen que éste no da resultado en las empinadas calles de esta población. Nos dejamos conducir por dos fornidos chinos: carga el uno en sus hombros con los brazos delanteros del palanquín y, sin darme tiempo para encoger-me y acomodarme, me siento levantada en vilo con un movimiento simultáneo de ambos conductores

La entrada al Convento es un soberbio jardín de flores y bien arregladas veredas ; altos pretiles sostienen innumerables macetas de flores ; Los PP. Noval y Suárez, nos relatan los horrores de la revolución china y los padecimientos sobrellevados por Monseñor Aguirre y los Padres y Madres españoles de su Vicariato.
Con qué gozo vemos sobre la mesita del recibidor revistas españolas que parecen saludarnos en nombre de los compatriotas que hemos dejado tan lejos.

Al "D'Artagnan”; lo vemos desde la terraza descansando en la bahía y como recobrando alientos para las últimas etapas de su carrera. Él no se muestra impaciente par llegar al fin: nosotros, los misioneros, no vemos el momento del desembarque definitivo en Shanghai para abrazar a nuestras Hermanas que allí nos esperan... Quiera Dios que nuestra llegada sea anuncio de paz, y atracción de este mundo inmenso hacia Jesús, Vida nuestra y Vida de todos los hombres.

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