La infancia de Pilar fue feliz y piadosa, en relación constante con su
gemela, unión afectiva y espiritual que durará toda su vida. “Éramos como dos cuerpos y un alma, que no acertábamos a separarnos y
nuestra compenetración llegó a lo increíble”. Un detalle entre tantos: “Cada
mañana, después de comulgar, me preguntaba cuando salíamos de la iglesia camino
de casa: ¿Qué te ha dicho Jesús? Y comentábamos ingenuamente lo que al recibir
al Señor habíamos sentido y deseado hacer por El”.
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