VIAJE MISIONERO ALREDEDOR DEL MUNDO- Capítulo 12, 5: Adios a Saipán
Viaje XII- CAMINO DE VUELTA: 5-Adios a Saipán
A las tres y media de la tarde vamos al puerto que aquí
llaman del Nambo, acompañadas de mis queridas Hermanas de Saipán y todas las
alumnas mayores del Colegio. Acertamos a llegar a la misma hora en que una
banda de músicos japoneses viene a despedir con mucho ruido y mucho banzai a
unos reservistas que embarcan para el Japón.
La despedida procuramos hacerla breve...; las Hermanas y yo
tratamos de disfrazar con una sonrisa la pena que a todas nos, embarga. i
Adiós,—les digo—, les dejo a Jesús por sostén y consuelo ! i Por El y con El es
pequeño todo sacrificio!
Se aleja velozmente el motorcito que nos conduce al barco;
suenan con estrépito los instrumentos de la charanga nipona, y mientras
tremolan dos grandes banderas y lanzan al aire, secos y breves, los tres banzai
de rúbrica, nuestros ojos están clavados en dos puntos de la costa en los que
van haciéndose pequeños, muy pequeños, unos bultos blancos que agitan sus
pañuelos incesantemente...
En el puente de primera nos sorprende ver la figura de -un
caballero, alto, muy elegante, que parece europeo desde los pies a la cabeza.
Nos lo presenta el Sr. Sablán : es un comerciante en grande escala, holandés,
que viene de Menado (Islas Célebes), donde debe de tener grandes posesiones.
Habla muy bien el alemán, inglés y francés, y gracias a este último nos
prometemos amenizar la monotonía del viaje.
El 24, nuestra Navidad, pasa del todo desapercibida en el
barco. El 25, después del almuerzo, reparamos que todos los boy andan afanosos
engalanando el comedor a la manera japonesa, con banderas de diversas
naciones, guirnaldas y faroles. "¿Qué pasa?", preguntamos a Míster
Bauvis. "Pues que en atención a nosotros organiza el capitán un banquete'
para esta tarde. Dice el "Purser" que han hecho una tarta rematada
por un molino holandés, en mi obsequio"... Nos conmueve este rasgó de
delicadeza inesperado.
Por la noche pierde el mar su calma y continúa bastante
agitada hasta el mediodía del 26. Se nos ocurre preguntar al amable oficial que
llaman "Purser" qué profundidad aproximada calcula que habrá en el
sitio que surcamos: sale a consultar no sé qué aparato que sirve al efecto, y
vuelve diciendo que nos acercamos a los cinco mil metros.
El frío desde hoy es intenso y aumenta a medida que el barco
se acerca a Yokohama.
Hablo largo y tendido con el señor holandés; me atrevo a
preguntarle si es católico, y, con gran pena mía, le oigo decir que no. Es
protestante, pero aprecia mucho la religión católica, a la que pertenece su madre y muchos amigos suyos. Le
invito a estudiarla seriamente, y creo que lo hará: es un hombre amigo de la
verdad y merecedor de hallarla. Le regalo el Kempis en francés, el que yo he
usado toda mi vida.
De que forma tan sencilla ha descrito la M. Margarita una despedida de las Hermanas que quedan en Saipán, y por ellas de toda la misión de Micronesia: "las Hermanas y yo tratamos de disfrazar con una sonrisa la pena que a todas nos, embarga. Les dejo a Jesús por sostén y consuelo ! i Por El y con El es pequeño todo sacrificio!" Esto es ser una gran misionera.
Y luego viene el viaje, haciendo amistades y regalando su libro de espiritualidad "Kempis" que ha usado toda la vida, con toda generosidad, por si le ayuda a conocer a Cristo...Esta es la M. Margarita. Lean la frase de la imagen sobre la Misión el las Islas Marianas y Carolinas.



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