Viaje misionero alrededor del Mundo: 10,2 -EL PUEBLO ME ESCUCHA
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| M. Margarita, sentada en el centro, su hermana Lola, las Hermanas, con una familia. |
El
pueblo nos esperaba para la Misa, que fue celebrada por el P. Fáber. Antes, el
P. superior Pons explicó el fin con que veníamos y lo obligado que ellos
quedaban de bendecir a Dios por este beneficio. La iglesia rebosaba y hasta
asistieron los protestantes. ¡Qué hermosos cánticos! Cantaban a cuatro
voces sin acompañamiento de armonio, con tal afinación y gusto, que aquel grupo
de cantores parecía un verdadero orfeón.Terminada la Misa, se expuso el Santísimo Sacramento y
cantaron el “Te Deum”.
Salimos de la iglesia en dirección a la casa provisional de
las Hermanas, que es la que antiguamente sirvió de residencia al Sr. Obispo. Nos
seguía todo el pueblo. Al verle venir, el P. Superior me invitó a decirles, desde el
balcón, cuatro palabras que el P. Berganza traduciría en ponapé.
Imagínese aquel cuadro: en el balconcito de la casa, las
Hermanas con el Padre misionero; debajo, a la sombra de los tupidos árboles que
casi cierran el horizonte por aquel lado, los ponapenses, vestidos con sus
trajes domingueros, fijos los ojos en el balcón, en cuclillas unos y los demás
en pie, aguantando el horrible calor del mediodía, pero con el gozo y ansiedad
pintados en sus rostros.
Les dije muy pocas cosas pero muy salidas del corazón:
que agradecíamos en el alma el recibimiento cariñoso que nos hacían, que
veníamos muy contentas desde España para consagrarnos a ellos, y para ayudarles
a ir al cielo, y que al volver a mi país diría que en estas islas apartadas hay
muy buenos y nobles corazones que aman a Dios de veras... Acaso les diría algo
más; no me acuerdo; eran demasiado fuertes las impresiones recibidas y apenas
podía coordinar ideas.
Este es el primer encuentro de la M. Margarita y las hermanas con el pueblo de Ponapé. A ambos, pueblo y hermanas se les ve muy emocionados...Tantas veces, en Bérriz, habían hablado las hermanas de ir a Ponapé...ahora ya estaban para quedarse. La M. Margarita, acostumbrada a hablar dice: "Les dije muy pocas cosas pero muy salidas del corazón"



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