Viaje misionero alrededor del Mundo: 9.4-EL DOMINGO EN SAIPÁN
9.4 El
domingo en Saipán
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| M.Margarita, Lola, M. Rego, P. Fáber, HH de Saipán y Ponapé con todo el pueblo. |
1929 NOVIEMBRE
4 (domingo). —Salimos
de casa para ir a misa de seis. No podrán figurarse en España la animación
religiosa que hay aquí los días de fiesta. Mucho antes de la hora, los
alrededores de la iglesia están llenos de gente que sostienen conversación en
animados grupos. Los hombres chamorros visten de blanco con sombrero redondo de
paja; las mujeres y las niñas visten el traje típico chamorro, que es
graciosísimo, sobre todo en las pequeñinas.
Entre
ellas y sus mamás no hay más diferencia que su tamaño; el traje es exactamente
el mismo: una especie de camiseta blanca con ancho bordado y de mucho escote;
por los hombros, una brida bordada también, y los brazos descubiertos. Sobre
esta camiseta viene el traje de gasa color crema; una gasa muy transparente y
como si fuera almidonada, que forma en lo alto del brazo un gran bullón que
antiguamente se decía manga de farol.
La
falda de seda blanca o de tela rameada, con muy chillones colores, se la
colocan muy alta, debajo del pecho, y les llega hasta los pies en corma
sesgada. Por detrás tiene forma de cola, aunque ordinariamente la llevan
prendida a un costado. Es de lo más curioso ver a las pequeñuelas con estos
trajes con su faldita hasta el suelo y la cola recogida hacia el muslo. Además,
si les ha crecido el pelo, se lo peinan bien tirante y lo recogen en un moñito
en lo alto de la cabeza.
Son muy
aficionados a colores vistosos, azul, rosa, etc., y por eso, la entrada y
salida de la iglesia con aquel conjunto abigarrado de tonos y aquel sol
espléndido, es un cuadro precioso; un derroche de luz y de vida que embriaga y
sugestiona y hace simpático aquel pueblo del todo cristiano en el que Dios ha
derramado con mano pródiga las más bellas galas de la naturaleza.
¿Y la
Misa?... ¡Qué escalofrío sentí en todo el cuerpo cuando aquellas voces frescas,
viriles, potentes, comenzaron sus hermosos cánticos! Casi todos ellos se
reducen a unas cuantas profesiones de fe. Comienzan diciendo que son y serán
siempre católicos hasta morir. Es un coro precioso, a una sola voz; pero
después lo van ellos armonizando con ese instinto músico exclusivo de estas
islas, a dos, tres y hasta cuatro voces...
Y la
iglesia, capaz para más de seiscientas personas, completamente llena, retumba
con el estruendo de las voces, parecido al estrépito de las olas del mar que
los rodea y envuelve. Cantan en chamorro, porque todos los asistentes son chamorros,
pero se entiende fácilmente lo que dicen: prosiguen afirmando que serán
obedientes al Papa, y lo repiten una y otra vez. Últimamente, alaban la Inmaculada
Concepción de la Santísima Virgen y ofrecen defenderla hasta morir. ¿No es esto
altamente tierno y conmovedor?...
Del
fondo del Sagrario se me figuraba ver a Jesús, gozándose en el fervor candoroso
de estas benditas gentes que le aman de veras y no se cansan de alabarle horas y
más horas. La Comunión fue nutridísima. A las nueve asistimos a la Misa de los
carolinos, que estaban de lo más elegantes, bien vestidos y calzados.
Aprovechando
la estancia del Sr. Obispo, le invitamos para bendecir la casa. La bendijo con
toda solemnidad, y al llegar a la capilla, sentado junto a la imagen de Nuestra
Santísima Madre, nos dirigió una plática preciosa sobre la vida misionera,
aludiendo a aquello que el Salmista dice repetidas veces : Laetentur insulae
multae.
Poco que añadir a esta bella descripción del pueblo de Saipán. Las Hermanas llevan ya un tiempo y se les ve completamente integradas en la vida del Pueblo. Margarita les admira y goza con todo. El Sr. Obispo, también está encantado, repitiendo "Se alegrarán las Islas", pues para la Biblia es el confín de la Tierra...



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