Viaje misionero alrededor del Mundo: 7,7- CON EL SR. ARZOBISPO
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| M. MARGARITA Y HERMANAS EN JAPÓN CON MONS. REGO Y EL P.FABER |
No podemos resolver nada hasta vernos con el señor Arzobispo y saber si quiere darnos licencia para fundar aquí...
Llegamos: una gran verja de hierro da acceso
al jardín, que tiene muchos y bonitos paseos. A la
entrada del palacio hay una gran escalinata de piedra.
Pasamos a un gabinete, y en él nos encontramos con Mons.
Álvarez, dominico español, Obispo de Shikoku, y el P. Patrouilleau. Tras un agradable rato de charla en castellano,
entra el Sr. Arzobispo y quedamos solas con él.
Me preguntó el número de Madres que van a Ponapé y, sonriendo, me dijo:
- "Y para Tokyo, Rvda. Madre, ¿no reserva usted
algunas?".
-"Sí, Monseñor; si V. E. permite que fundemos,
vengo determinada a ello".
-"Con mucho gusto veré en mis diócesis Madres
Mercedarias españolas. ¿Tienen casa...?".
- " i 0h, no, Monseñor, es tan difícil
encontrarlas cerca de alguna iglesia!"
Entonces le hablamos del proyecto de Asakusa;
encuentra la misma dificultad que nosotros ya veíamos: la gente que rodeará
nuestro pequeño Colegio, y dice que hay que pensarlo bien. Que si él
pudiera, con gusto nos cedería parte de sus terrenos para que levantásemos
junto a la suya nuestra casa...
Yo pensé que no había comprendido bien porque la proposición me pareció demasiado buena. Recordé a Monseñor que era la fiesta de Santa Teresita y, muy conmovido, dijo que consideraba como un favor de la santa el habernos recibido en su día. Yo, en mi interior, la invocaba con frecuencia.
Yo pensé que no había comprendido bien porque la proposición me pareció demasiado buena. Recordé a Monseñor que era la fiesta de Santa Teresita y, muy conmovido, dijo que consideraba como un favor de la santa el habernos recibido en su día. Yo, en mi interior, la invocaba con frecuencia.
Luego visitamos la Catedral y la preciosa gruta de Lourdes que está tras ella. Está tan bien imitada, que parece nos encontramos a orillas del Gave, en el lugar mismo de la aparición. Recé, muy conmovida, a la Santísima Virgen, que parecía decirme confiara en Ella.
Marchábamos ya, y tropezamos con un anciano sacerdote:
era el antiguo Arzobispo, retirado ya de su oficio de Pastor y Prelado. Disertó
sobre el país vasco, sobre la guerra carlista, en la que él tomo parte, y no sé
cuántos temas más. Por fin nos despedimos: estábamos ansiosas por comunicar a
las demás hermanas la buena acogida del Sr. Arzobispo y los sueños a que
dieron lugar sus palabras de esperanza. La misma noche empezamos otra novena a
Santa Teresita para que terminase felizmente lo que ella había empezado.
A las cinco de la tarde nos visitó el Sr. Yamamoto.
Con gran interés oyó nuestros planes de estudiar el japonés a conciencia y de
establecer un Colegio. Entre otras cosas, dijo que podíamos implantar en
nuestra Casa los Ejercicios Espirituales para señoras, obra desconocida aquí;
y, al decirle yo que me parecía excelente idea, añadió que nosotras éramos las
llamadas a establecerla.



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