Viaje Misionero alrededor del Mundo: 2.1- D'Artagnan



A BORDO DEL D’ARTAGNAN


10 de agosto de 1928.- Cinco días arreglando cabinas, gestiones para localizar el equipaje…; entre los pasajeros tres niños: Lulú, Charles y Nicole; los padres de Lulú son un matrimonio católico francés que va a Saigón; los de Charles van a Hanói, él es M. Marquís, profesor de derecho.
También viajan 25 Hermanos, franceses de la Doctrina Cristiana, varios oficiales de Marina…entre pasajeros, marinería y servicios somos 660. Tenemos la Eucaristía en el salón de música de segunda. A los 5 días llegaremos a Port Said.

PORT SAID
15 de agosto.-Una gran mariposa sigue al barco, pájaros extraños de alas muy pintadas se sitúan en proa…; la tierra debe estar cerca.

Nos recibe la estatua de Lesseps que guarda su largo muelle.
Balandros, remolcadores, gasolinos, grandes buques anclados a uno y otro lado del nuestro; movimiento incesante de un gran puerto de los más originales del mundo. Rápidos cargados de gente, pasan hasta seis contratorpederos ingleses.

La tripulación del D’Artagnan está toda sobre cubierta presenciando el desfile de gasolinos ligeros y elegantes, que antes de fondear el buque se alinean junto al buque esperando el desembarque de turistas y pasajeros que terminan la travesía en Port Said.

Barquichuelas sucias, llenas de gente desarrapada, con gorros turcos y túnicas multi-colori, rodean el D’Artagnan, suben la escala e invaden los puentes y pasillos ofreciendo a los pasajeros collares, vistas del puerto, melones, uva y toda clase de comestibles.
Port Said tiene edificios preciosos; jardines muy bien cultivados. En medio del muelle, adoradores de Alá que, a la vista del barco, hacen su plegaria, postrados.

Después de seis horas de escala, echamos a andar a las dos y media de la tarde, metiéndonos en el famoso canal de Suez. Es una línea recta que mide 164 Km de largo.

Una de las orilla es un arenal, extenso, árido, sin una brizna de hierba, ni un mal árbol para los caminantes. A trechos el mar entra sobre la arena, y al retirarse o consumirse por los rayos del sol, deja grandes capas de salitre que varía el colorido monótono de aquel vasto arenal.

En la orilla opuesta hay un canal de agua dulce que fertiliza el suelo y permite crecer grandes palmeras, bosquecillos de pinos y en todo el trayecto alguna vegetación. Paralela al muelle, la vía de ferrocarril de El Cairo, que vemos por dos veces, y una carretera bien asfaltada por la que desfilan veloces automóviles ingleses y bicicletas con  policías egipcios.

Suben a nuestro puente tres señores españoles que viajan en primera:
-Don Carmelo Martín de Canarias, gran conocedor de la Guinea española que ha vivido varios años el Fernando Póo.
-El comandante don Francisco Javier Naneti, de Valladolid
-El industrial catalán don Joaquín Poch; filmó el canal, el ferrocarril del Cairo y a nosotras.
Van juntos a dar la vuelta al mundo. Ya, en 1926, vivieron seis meses en una tribu africana de beduinos. Ya somos 16 españoles en el barco.

En la noche templada y serena nos parece ver los lagos Salado y Amargo. Las luces de los barquitos, las de las casas lejanas, se mezclan con las estrellas. Pero hemos navegado poco.

El calor de las cabinas se acentúa cada vez más. Sobre el puente la temperatura es a veces soportable; otras, muy difícil de sobrellevar. Estamos en el golfo de Suez, a 29,10º de latitud, 32,44º longitud Este. A las dos y media pasamos frente al Sinaí, que descuella sobre la cordillera larguísima que vamos viendo. Tiene 2.270 metros de altura.

A las cinco salimos del golfo de Suez y entramos en el mar Rojo.
La costa de Arabia es alta y rocosa; la del desierto de Nubia, baja y arenosa. Perdemos de vista la tierra.

Rezamos el rosario todas las noches en Comunidad; a esa hora el puente es todo nuestro, porque todos marchan al salón de música donde cantan y bailan hasta muy tarde. El rumor de las olas se mezcla con el de nuestras plegarias a la Sma. Virgen y, por contraste, el viento nos trae los acodes de la orquesta de jazz-band.



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