2012/06/02

La Santísima Trinidad, nuestra FAMILIA

Hoy es la fiesta de la Santísima Trinidad, que recapitula nuestra fe y nos introduce en esta familia divina. Jesús lo ha dicho y lo ha hecho. 
Repito esta entrada que fue muy leída en su tiempo, por el valor del testimonio de la B. Isabel de la Santísima Trinidad. Recemos su oración en alabanza al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, sintiéndonos en nuestra familia, donde en Jesús somos hijos y hermanos.

Un testimonio dirá más que muchas palabras. Por eso os traigo el de  Isabel Catez Rolland que nació en Bourges, Francia, el 18-7-1880. El 2 de enero de 1901, a los 21 años de edad, ingresó en el convento carmelitano de Dijón, con el nombre de Sor Isabel de la Trinidad y con el propósito de ser "Alabanza de gloria de la Santísima Trinidad" y crecer de día en día "en la carrera del amor a los Tres". Falleció el l 9-11-1906 a los 26 años. Fue beatificada por Juan Pablo II el 25-11-1984. "La Trinidad: aquí está nuestra morada, nuestro hogar, la casa paterna de la que jamás debemos salir... Me parece que he encontrado mi cielo en la tierra, puesto que el cielo es Dios y Dios está en mi alma. El día que comprendí eso todo se iluminó para mí." Su fiesta se celebra el 8 de noviembre. Que oremos profundamente una de sus oraciones:

¡Oh Dios mío, trinidad adorable, ayúdame a olvidarme por entero para establecerme en ti!
¡Oh mi Cristo amado, crucificado por amor! Siento mi impotencia y te pido que me revistas de ti mismo, que identifiques mi alma con todos lo movimientos de tu alma; que me sustituyas, para que mi vida no sea más que una irradiación de tu propia vida. Ven a mí como adorador, como reparador y como salvador...
¡Oh fuego consumidor, Espíritu de amor! Ven a mí, para que se haga en mi alma una como encarnación del Verbo; que yo sea para él una humanidad sobreañadida en la que él renueve todo su misterio.
Y tú, ¡oh Padre!, inclínate sobre tu criatura; no veas en ella más que a tu amado en el que has puesto todas tus complacencias.
¡Oh mis tres, mi todo, mi dicha, soledad infinita, inmensidad en que me pierdo! Me entrego a vos; sepultaos en mi para que yo me sepulte en vos, en espera de ir a contemplar en vuestra luz el abismo de vuestras grandezas.

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